Todo comienza en el mismo punto donde terminó, ¿qué quiero decir con lo anterior?, bueno... a finales del año pasado fui invitado a compartir una ponencia en el marco de un evento de Egreados en Psicología Social, el tema que elegí para esa ocasión fue "Pistas para la Intervención Comunitaria con Adolescentes en Conflicto con la Ley" recuerdo que fue con ese trabajo con el que se cerraron esas jornadas y que de paso despertó entre los asistentes a las mismas una suerte de interés mezclado con morbo. Recuerdo también que justo después de la inauguración del evento me fui a mi casa dispuesto a descansar, al llegar me recosté en el sofá y prendí la radio esperado que alguna meolodía de la estación de la ibero me revitalizara, para sorpresa mía lo que escuche no fue si no la voz retadora de uno de los jóvenes sicarios con el que tan sólo unos meses atrás había trabajado en una de las prisiones juveniles que administra el GDF, episodio que puso en riesgo por lo menos mi integridad física y psicológica, para lo que sentí durante y algún tiempo después de la transmisión aun no tengo palabras, pero creo que lo más parecido es el horror.
Posteriormente, nueve meses después, fui invitado al primer Coloquio sobre el Conocimiento Práctico que producimos los Egresados de esta Licenciatura de la UAM-I y como hace poco anuncié en este mismo espacio la ponencia tuvo que ver con "Estrategias para la Intervención en Contextos de Violencia con Jóvenes", en esta ocasión me tocó no cerrar sino abrir el telón, debo confesar que los eventos de egresados seducen porque uno sabe que se encontrará a colegas con l@s que se compartieron las aulas y las ideas en lo que es el inicio de la profesión. Al finalizar el encuentro me dirigí a casa, al llegar me dispuse a descansar en el sofá y a deleitarme con alguna de esas sinfonías que no dejan de sonar en radio unam. Lo que en la siguiente hora escuché me dejó helado y aun no doy crédito, es decir, como nueve meses atrás había sucedido, con la diferencia de que en esta ocasión eran únicamente los locutores quienes parloteaban, escuché la historia del mismo joven sicario que antes radio ibero había narrado. Creo que aunque esta vez no sentí horror sí se me fue el color del rostro.
Me parece increíble que lo que tiene que ver con los jóvenes sicarios interese primordialmente, y para coadyuvar al escándalo y al morbo, al ámbito periodístico desde una tesitura de nota roja. El trabajo de prevención, diagnóstico, tratamiento, etc.,desde la intervención con estos jóvenes aun ocupa un plano muy secundario.
